Cap. 125 ¡Luther, al hospital!

Lucius no respondió a la pregunta. Su voz era un hilo de acero, frío y claro:

—Estoy en el hospital. Solo. Sin guardias. Si quieres esa conversación que siempre has exigido, ven. Ahora. U olvídate de mí y de todo lo que lleve mi sangre para siempre.

Y colgó.

Dejó el teléfono a un lado y se apoyó contra la pared, jadeando. Había perdido totalmente la concentración de todo lo que pasaba a su alrededor.

El sonido de la persecución en la radio de Luther (que había dejado encendida), los mensajes de Alejandra… todo era ruido de fondo. Acababa de lanzar un anzuelo nuclear. Había ofrecido su propia vida, su cuerpo herido, como carnada final. No para distraer, sino para confrontar.

Para intentar, en un acto de locura o de genialidad desesperada, decapitar la amenaza de raíz, enfrentándose al monstruo que lo había engendrado.

En la camioneta de Elián, el hombre miró el teléfono muerto en su mano, luego el caos en la pantalla del suelo. Su hijo lo llamaba. Lo desafiaba. Solo. Una oportunidad
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Elvira PortilloLucius se sacrificara por su familia, espero que se salve, creo que a pesar de su ceguera pudo volver a ver a su verdadera familia y lo fue demostrando con sus actos
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