Cap. 125 ¡Luther, al hospital!
Lucius no respondió a la pregunta. Su voz era un hilo de acero, frío y claro:
—Estoy en el hospital. Solo. Sin guardias. Si quieres esa conversación que siempre has exigido, ven. Ahora. U olvídate de mí y de todo lo que lleve mi sangre para siempre.
Y colgó.
Dejó el teléfono a un lado y se apoyó contra la pared, jadeando. Había perdido totalmente la concentración de todo lo que pasaba a su alrededor.
El sonido de la persecución en la radio de Luther (que había dejado encendida), los mensajes