Cap. 119 Lo que necesites
Alba, por fin, movió la cabeza. No para mirarlo a los ojos, sino para desviar la mirada hacia un punto fijo en la pared opuesta. Su expresión era impenetrable. No había lágrimas. No había rabia visible. Solo una atención profunda, casi clínica. Estaba asimilando, escuchando, discerniendo.
Pesando cada palabra, cada temblor en su voz, contra el recuerdo del dolor en su mejilla, del sonido del golpe, de la traición que lo precedió.
Lucius vio que no recibiría una respuesta, no aún. Y no la merec