Cap. 118 Pero no se fue.
Miradas de reproche de Alba, que atravesaban la habitación como dagas silenciosas, acusándolo de cada noche sola, de cada miedo enfrentado en solitario, de la traición que casi les cuesta la vida a sus hijas.
Miradas de amor tardío de Lucius, un amor que siempre estuvo ahí, pero que se extravió en la arrogancia y la manipulación de Celeste, y que ahora le quemaba los ojos con la fuerza de un sol que despierta tras un eclipse, demasiado tarde, quizá, para algunas cosas.
Miradas de respeto ignora