Cap. 116 ¿Qué… qué pasó?

Sin poder evitarlo, sin planificarlo, actuó por puro impulso del corazón. Con dedos que repentinamente se sentían torpes, reenvió el mensaje. No a todos. A los pilares.

A Lena: Su esposa, la roca que había sostenido a Alba y a Julia.

A Isabella: La estratega que necesitaba saber que su jugada más arriesgada estaba dando frutos.

A Augusto: El padre que había elegido serlo, y cuyo imperio de protección ahora tenía un motivo para celebrar.

El ping de los mensajes llegando fue casi simultáneo en tres puntos diferentes del hospital.

Lena estaba ayudando a Julia a ponerse la faja a Julia. Su teléfono vibró sobre la mesilla. Al leerlo, sus manos sobre la tela temblaron, derramando unas gotas.

Un sollozo se le escapó, ahogado y profundo. Miró a Hugo, sus ojos preguntando, confirmando. Él asintió, una sonrisa pequeña, temblorosa, asomando bajo su bigote. Lena se inclinó sobre Julia y, en un susurro cargado de lágrimas de alegría, dijo:

—¿Lo oyes, mi niña? ¿Lo oyes? Tu sobrina… tu sobrinita
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