Cap. 115 Ya está
Luther había estado esperando en las sombras del pasillo, una silueta paciente y alerta tallada en la penumbra. Había visto salir al Dr. Clemente, y en el rápido intercambio de miradas con el médico, había leído la noticia antes de que se pronunciara una palabra: un destello de algo que no era solo alivio profesional, sino asombro.
Cuando la puerta se cerró, entró en la pequeña sala de consultas. Y allí la vio.
Alba, su hermana, su pequeña y tonta hermana (como la llamaba en sus momentos más ca