Cap. 104 Le rogamos que baje.
No estaban desarmadas. Mayra llevaba consigo un pequeño dispositivo de rastreo y un arma discreta. Y lo más importante: estaban dentro del plan de Luther. La ambulancia secuestrada era, en parte, un cebo.
Pero afuera, lejos de esa calma estratégica, Lucius se estaba volviendo loco. Él había seguido la ambulancia a una distancia segura, como parte del protocolo de seguridad. Había visto la desviación, la interceptación, la escolta forzada hacia el depósito.
Su mente, ya al borde por la preocupación por Julia, Alicia y el bebé, estalló en pánico puro. No conocía todos los detalles del plan de contingencia de Luther; solo sabía que Alba, la mujer a la que había jurado proteger, la madre de sus hijos, había sido secuestrada frente a sus ojos.
—¡No! —rugió, golpeando el volante. Su teléfono empezó a vibrar con mensajes de Luther ("Espera, es parte del plan"), pero Lucius, cegado por el terror, apenas los registró. Para él, solo existía una verdad: Alba estaba en peligro, y él la había dej