Cap. 130 Pero hoy…
Esa mirada… realmente le partió el alma a Alba. Era una mezcla de anhelo, agonía y una desesperación tan profunda que parecía un hombre ahogándose.
—Lucius… —susurró Alba, su propia voz temblorosa.
—¿Qué te pasa? Hace días que… —quería decir 'hace días que no eres tú', 'hace días que te veo alejarte', pero no pudo terminar.
No hizo falta. Lucius se acercó. No con pasos lentos, sino con la decisión final de quien se lanza al vacío. Y antes de que ella pudiera reaccionar, la besó.
No fue un beso tierno de reconciliación. Fue un beso ansioso, cargado de todos los días de silencio, de todos los miedos no dichos, de la sombra del pacto que lo consumía.
Pero no era desesperado; era deliberado. Era como si con ese beso intentara borrar algo, afirmar algo, o simplemente recordar cómo se sentía estar vivo más allá del deber.
Alba se quedó en blanco. El contacto fue un shock eléctrico. Su cuerpo se tensó, instintos de defensa y años de dolor pidiéndole que lo empujara, que lo rechazara. Cuando