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Capítulo 3: La Hipoteca del Pasado

El sol brillaba sobre Valdris, pero el frío seguía en el aire, como un fantasma que no quería desaparecer. Elara llegó a la oficina de Kevin, el secretario de Lucian, con los papeles de transferencia de la Villa Emberfall en la mano. Kevin la recibió con una expresión nerviosa: “Señora Reed, el señor Lucian dijo que le entregara los documentos, pero con una condición”. “¿Qué condición?” preguntó Elara, con la voz firme. “Que no insista en el divorcio hasta que Elena y Lia se hayan establecido en Valdris”, respondió Kevin. “El señor teme que el escándalo arruine la reputación de la señora Blake”. Elara rió sin gracia: “Lucian siempre piensa en los demás, nunca en mí. Dile que acepto la villa, pero el divorcio sigue en pie”.

Salió de la oficina y se dirigió a la Villa Emberfall. Había años sin estar ahí, pero el recuerdo le venía claro: el jardín lleno de rosas, la biblioteca con libros antiguos, el atelier donde Mason le enseñaba a pintar. Cuando llegó, encontró la villa abandonada, con las ventanas rotas y el jardín lleno de maleza. Pero aún así, sentía la presencia de los Everetts. Caminó hasta el atelier y encontró un cuadro que había pintado ella cuando tenía catorce años: un paisaje de la capilla de Lumina, con la cruz en el centro. Mason le había dicho: “Este cuadro representa tus sueños, Elara. Nunca los dejes ir”. Ella lo había olvidado, pero ahora lo recordaba con claridad.

Regresó a la villa de los Reed y encontró a Elena hablando con Lucian en la sala. “La familia Blake necesita ayuda”, dijo Elena. “Jack dejó muchas deudas. Lucian, ¿podrías ayudarnos?” “Claro”, respondió Lucian. “Haré que la empresa les preste dinero”. Elara se detuvo en el umbral: “¿Y qué pasa con las deudas de los Reed? ¿No fue yo quien ayudó a pagarlas durante la crisis?” Lucian miró a ella: “Eso fue diferente. Elena está pasando por un momento difícil”. “Y yo no?” preguntó Elara. “Cuando los Reed estaban a punto de perder la empresa, yo trabajé día y noche para conseguir proyectos. Pero nunca me agradeciste”. Lucian se quedó en silencio.

Esa tarde, Lily llamó a Elara: “Amelia—Elara, Mason llegó a Valdris. Está en la casa de los Everetts”. Elara sintió un temblor en el corazón. “¿Qué hace aquí?” preguntó. “Dice que quiere verte”, respondió Lily. “Pero ten cuidado: los Vance también saben que está aquí. Tu padre adoptivo dice que quieren recuperar la villa de los Everetts, que te pertenece”. Elara cerró los ojos: los Vance nunca habían dejado de perseguirla, de querer recuperar todo lo que ella había ganado con los Everetts.

Al día siguiente, fue a la casa de los Everetts. La puerta fue abierta por Nora, que la miró con sorpresa: “Elara? ¿Qué haces aquí?” “Lily me dijo que Mason está aquí”, respondió Elara. Nora la invitó a entrar. La casa era igual que antes: cálida, llena de libros y flores. Mason estaba en el jardín, pintando. Cuando vio a Elara, se detuvo: “Elara. ¿Cómo estás?” “Bien”, respondió ella, con la voz temblando. “¿Por qué regresaste?” “Por ti”, dijo Mason. “Nunca dejé de pensar en ti. Cuando me enteré de que estabas casada con Lucian, me fui al extranjero, pero siempre te busqué”. Elara sintió lágrimas en los ojos: “Yo también te pensé, Mason. Pero yo le debía a Lucian—él me salvó de un incendio”. “Y él te usó”, dijo Mason. “Sabes que Fiona Reed te obligó a casarte con él para pagar la deuda de la salvación. Lucian nunca te amó”.

Elara se sentó en un banco del jardín: “Yo lo sabía, pero quería creer que algo cambiaría. Ahora sé que no”. Mason le tocó la mano: “Ven conmigo, Elara. Recupera tu vida, tu arte, tu libertad. La Villa Emberfall es tuya, y yo estoy aquí para ayudarte”. Elara se quedó en silencio. Sabía que Mason tenía razón, pero tenía miedo—miedo de volver a sufrir, de volver a perder todo. “Los Vance quieren recuperar la villa”, dijo ella. “Mi padre adoptivo dice que es de ellos”. “No lo es”, respondió Mason. “Los Everetts te la regalaron, y hay documentos que lo prueban. Yo los tengo”.

Regresó a la villa de los Reed y encontró a Lucian en su habitación, mirando el cuadro de la capilla de Lumina que ella había traído de la Villa Emberfall. “¿Qué es esto?” preguntó Lucian. “Es un cuadro que pinté cuando era joven”, respondió Elara. “Mason me enseñó”. Lucian frunció el ceño: “¿Mason? ¿Ya lo viste?” “Sí”, respondió Elara. “Él está aquí para ayudarme. Para recuperar la villa y mi libertad”. Lucian se enojó: “¿Y qué pasa con nuestro matrimonio? ¿Con la deuda que te debes a mí?” “La deuda la pagué con seis años de mi vida”, dijo Elara. “Ahora quiero mi libertad”.

Lucian la miró con odio: “Si te divorcias de mí, los Vance te perseguirán. No tendrás protección”. “Mason me protegerá”, respondió Elara. “Los Everetts me protegerán”. Lucian se rió: “Los Everetts no te quieren. Te expulsaron cuando te empeñaste en volver con los Vance”. “No me expulsaron”, dijo Elara. “Yo me fui. Pero ellos nunca dejaron de quererme”.

Esa noche, Elara empacó sus cosas: el oso de peluche de Nora, el cuadro de la capilla de Lumina, algunas ropas y libros. Quería mudarse a la Villa Emberfall lo antes posible. Cuando estaba lista para irse, Lucian llegó a su habitación: “No te irás”, dijo él. “La villa es mía, y tú eres mi esposa”. “No lo soy”, respondió Elara. “Los papeles de divorcio están en camino”. Lucian intentó agarrarla, pero ella se alejó: “No me toques. Si lo haces, llamaré a la policía”.

Lucian se fue, furioso. Elara salió de la villa, con su maleta en la mano. Tomó un taxi hasta la Villa Emberfall. Cuando llegó, encontró a Mason esperándola: “Ven, te ayudé a arreglar el atelier. Podrás pintar de nuevo”. Elara entró en la villa y vio que Mason había arreglado las ventanas, plantado nuevas rosas en el jardín y limpiado el atelier. El cuadro de la capilla de Lumina estaba colgado en la pared. “Gracias”, dijo ella, con lágrimas en los ojos. “No tienes que agradecerme”, respondió Mason. “Solo quiero verte feliz”.

Al día siguiente, fue a la oficina de su abogado y le entregó los papeles de divorcio. El abogado le dijo: “Lucian no va a aceptar fácilmente. Tendremos que ir a juicio”. “Estoy lista”, respondió Elara. “No tengo nada que perder”. Mientras tanto, los rumores sobre el divorcio de Elara y Lucian empezaron a circular en Valdris. Algunos decían que Elara estaba con Mason Everett, otros que Lucian estaba con Elena Blake. Los Reed hicieron todo lo posible para ocultar el escándalo, pero era demasiado tarde.

Una semana después, Elara recibió una llamada de Kevin: “Señora Reed, el señor Lucian quiere verte. Dice que tiene algo importante que decirte”. Elara decidió ir a verlo. Cuando llegó a la villa de los Reed, encontró a Lucian en la sala, con los ojos rojos. “Lo siento, Elara”, dijo él. “Yo no quería usarla. Fiona me obligó a casarme contigo. Yo siempre amé a Elena, pero ella se casó con Jack para salvar a su familia. Cuando Jack murió, pensé que podía estar con ella, pero ahora me doy cuenta de que la he lastimado a ti”. Elara se quedó en silencio: “Ya es tarde, Lucian. He tomado mi decisión”. “¿Y Mason?” preguntó Lucian. “¿Te hace feliz?” “Sí”, respondió Elara. “Él me quiere por lo que soy, no por lo que le debo”.

Elara se fue de la villa, sabiendo que había cerrado un capítulo de su vida. Regresó a la Villa Emberfall, donde Mason la esperaba con un cuadro nuevo: un paisaje de la villa, con ella pintando en el atelier. “Este es para ti”, dijo Mason. “Para tu nuevo comienzo”. Elara miró el cuadro y sonrió. Finalmente, había encontrado la libertad, el amor y la felicidad que había buscado durante tanto tiempo. La cruz de Lumina seguía en su mente, pero ahora no era un recordatorio de promesas rotas, sino de la fuerza que le había dado para seguir adelante.

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