El sol empezaba a salir sobre Valdris, teñiendo el cielo de naranja y rosa. En la Villa Emberfall, Elara despertó temprano, con la cruz de Lumina alrededor del cuello y el oso de peluche de Nora a su lado. Mason aún dormía, y ella salió silenciosamente al jardín, donde las rosas blancas brillaban con el rocío matutino. Caminó hasta el atelier, abrió las ventanas y empezó a preparar sus pinturas para la segunda exposición de la galería. Había decidido dedicar esta muestra a los caminos recorridos: el dolor del pasado, la fuerza del presente y la esperanza del futuro.Mientras mezclaba colores, recordó la primera vez que había entrado en ese atelier, con trece años. Mason le había enseñado a mezclar azul y blanco para hacer el color del cielo de Lumina, y le había dicho: “El arte es un reflejo de tu alma, Elara. Nunca lo ocultes”. En esos años con los Everetts, había sido feliz, pero cuando fue expulsada por los Vance, había cerrado su alma. Ahora, finalmente, la abría nuevamente.Unos
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