El sol de la mañana siguiente entró en mi oficina con una claridad casi insultante. Estaba sentada frente a la carpeta que Adriano me había entregado la noche anterior. Los registros mostraban que el "informante" que financiaba a Julián no era un desconocido, sino el propio Moretti, el Director Ejecutivo que me había recibido con una reverencia el día de la gala.
Moretti había sido el hombre de confianza de mi abuelo, pero la codicia no conoce lealtades. Al parecer, él esperaba que Julián fuera un subdirector débil al que pudiera manipular para vaciar las arcas del grupo. Mi regreso lo había arruinado todo.
—Señorita Ferragotti —la voz de Marcos por el intercomunicador me sacó de mis pensamientos—. El señor Julián Valdivia está en la recepción con un equipo de abogados y prensa. Exige una audiencia inmediata. Dice tener pruebas de "fraude matrimonial".
—Déjalos subir —respondí, cerrando la carpeta con una calma absoluta—. Y Marcos... asegúrate de que el Director Moretti esté presente