No sé cuánto tiempo pasó desde que Matías me dejó sola en la penumbra de su departamento. Lo último que recuerdo es el golpe seco de la puerta cerrándose y el silencio aplastándome, como si todo a mi alrededor hubiera decidido callarse al mismo tiempo. Me quedé tendida sobre la cama, con la piel ardiendo en ciertos lugares y con un dolor sordo que se expandía en mi pecho, no solo en el cuerpo, sino más adentro, en un rincón al que ni yo misma quería asomarme.
Intenté moverme, pero las piernas p