Mundo de ficçãoIniciar sessãoMe quedé mirando a Sarah con los ojos todavía húmedos, la respiración agitada y el corazón enredado en un torbellino de emociones. Ella seguía de pie, con esa postura elegante que siempre me resultaba provocadora, como si estuviera consciente de cada movimiento, de cada palabra que soltaba con esa voz dulce que escondía veneno. Yo, en cambio, estaba contra las cuerdas, tratando de recomponer mi rostro después de haberme derrumbado frente a Santiago.
—¿A qué vienes? —le solté con la voz ás






