Mundo de ficçãoIniciar sessãoEsa noche después de que Santiago me dejó en casa, subí las escaleras con un peso que no era físico sino emocional. Cerré la puerta de mi habitación con brusquedad, me tiré en la cama con la ropa puesta y quedé mirando el techo sin saber qué hacer con todas las emociones que me estaban desgarrando. No tenía ganas de llorar, aunque mis ojos ardían como si me lo exigieran, tampoco tenía ganas de gritar aunque mi garganta estaba apretada. Solo podía sentir rabia, tristeza y una vergüenza tan fue







