Capítulo 146

Al día siguiente, me levanté temprano. El cielo seguía gris.

Preparé café para Rosa y para mí. Ella notó mi silencio, pero no dijo nada.

Pasé la mañana arreglando cosas pequeñas: doblando unas toallas, ordenando mis libros. Era como si el cuerpo necesitara moverse para que la mente no se llenara de preguntas.

A media tarde, me senté junto a la ventana con una libreta. No sabía qué escribir. Solo puse una frase:

“A veces el silencio también es una forma de amor.”

Y supe que
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