Mundo de ficçãoIniciar sessãoUna tarde, mientras caminábamos por el malecón, Alejandro se detuvo de repente y me miró.
—¿Sabes qué me gusta de ti? —preguntó.—¿Qué?—Que contigo todo parece posible. Que no tengo que ser perfecto.Me mordí el labio para no llorar. Me daban ganas de decirle que yo tampoco era perfecta, que había cosas que él no sabía, que a veces me despertaba con miedo al futuro. Pero en lugar de eso, le respondí:—Eso mismo me pasa contigo.Nos quedamos un momento en silencio, mir






