Mundo ficciónIniciar sesiónLos días siguieron con esa mezcla de calma y ansiedad.
A veces, al despertar, sentía una ternura extraña, como si el mundo me pareciera más lento, más amable. Otras, en cambio, todo me abrumaba: los ruidos, los olores, la gente. Rosa me observaba en silencio, sabiendo más de lo que decía. Una mañana, mientras me servía el desayuno, se detuvo un instante y me miró. —¿Ya decidiste qué vas a hacer, hija? —No lo sé —respondí con un hilo de voz. —No te apresures. Pero






