Mi corazón dio un vuelco.
—No —dije rápido—. Y no pienso hacerlo… al menos no ahora.
—¿Por qué no?
—Porque… —respiré hondo—, no es su responsabilidad. Y tampoco es justo. Él no tiene nada que ver con esto.
Rosa asintió despacio.
—Tal vez —dijo—. Pero si él la quiere, la va a querer igual. Con o sin este bebé.
La idea me pareció demasiado grande, demasiado lejana.
—No lo sé —murmuré—. No quiero perderlo.
—Y si es el hombre correcto, no lo perderá —respondió Rosa con una serenidad que me