Nunca había sentido tanto silencio como el que llenó la cocina después de pronunciar esas palabras.
Estoy embarazada.
Apenas las dije, su eco pareció quedarse suspendido en el aire, mezclándose con el aroma del café que se enfriaba y el leve sonido del reloj marcando los segundos. Rosa me miraba sin decir nada, con los ojos abiertos de par en par y la mano temblorosa aún sosteniendo el paño de cocina.
Yo no podía mirarla. Tenía los ojos fijos en la taza que tenía frente a mí, viendo cómo el