Asentí, y noté que me faltaba el aire. La doctora me observó con una sonrisa tranquila.
—No te preocupes —añadió—. Todo va a estar bien. Solo necesito que empieces con vitaminas prenatales, y sobre todo, que te cuides. Nada de estrés excesivo.
Sonreí débilmente. Nada de estrés.
Si supiera…
—Gracias, doctora —dije al levantarme.
—Y, Isabella… —agregó antes de que saliera—. No te castigues por sentir miedo. El miedo también es parte del proceso.
Sus palabras me acompañaron hasta el pasillo.