Cuando aparqué frente al hospital, me invadió una mezcla de nervios y adrenalina. No era un hospital cualquiera; tenía historia en mi vida. Mi reflejo en el retrovisor me devolvía una sonrisa extraña, como si hasta yo misma dudara de lo que estaba a punto de hacer.
Entré. El aire frío del lugar me golpeó con ese olor a desinfectante tan característico. El murmullo de voces se mezclaba con el repiqueteo de pasos apresurados y el sonido metálico de algún carrito rodando por el pasillo. Avancé hac