Capítulo 100

El silencio de mi habitación me resultaba insoportable. Me tumbé sobre la cama, aún con el cuerpo adolorido, temblando, como si cada músculo recordara la violencia de sus manos, de sus palabras, de su fuerza. Cerré los ojos, pero el recuerdo de Matías me azotaba una y otra vez. Su respiración desbordada, su mirada llena de odio, la forma en que me obligó a decir lo que jamás había querido confesar: que nunca tomé ni una sola de esas pastillas. Todo estaba todavía allí, pegado a mi piel como u

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