Cuando César regresó a Villa Serenidad, ya era pasadas las once y media de la noche. Al entrar, la sala y las habitaciones estaban todas a oscuras.
Encendió una luz y abrió la puerta del dormitorio. Bajo la luz del exterior, miró a la persona que dormía en la cama. Por un instante, su expresión se tensó.
Permaneció de pie junto a la cama por un buen rato, luego se quitó el saco y fue a bañarse a la habitación de invitados.
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Al día siguiente, por la mañana, un rayo de luz se filtró por la rend