Simón dejó el vaso que sostenía y se levantó lentamente para enfrentar a Ben.
—Todos ustedes están en casa, ¿no? Pensé que podrían manejarlo sin mi ayuda.
Ben se volvió y le hizo una señal a Jacob para que saliera. Una vez que quedaron a solas en la oficina, Ben se dirigió detrás de su escritorio y tomó asiento con parsimonia.
—Dejemos de lado lo ocurrido con la tía Águila. Pero lo de tu propia madre, parece no preocuparte en absoluto.
—Ella se lo buscó. —Simón suspiró, se acercó a los estantes