Por la tarde, Celia regresó a la casona. Marina y varias sirvientes la esperaban en el patio. Al verla, la saludaron con una sonrisa.
—Señora, la abuela y su suegra están en la sala.
Celia hizo un gesto como respuesta y las siguió hacia la sala de estar. Valeria estaba arreglando ramas de flores para decorar un jarrón. Marta se quedó a su lado, observando el abdomen de Celia antes de hablar con calma:
—¿Por qué no nos informaste de tu embarazo? No es un asunto trivial.
—Mamá, abuela, no estoy...