De su bolso, sacó una caja cuadrada exquisita. La caja ya era una artesanía de madera. Luego la extendió hacia Celia.
—Quería guardarla como dote para mi hija, pero lamentablemente no tengo ninguna. Así que te la regalo.
Celia levantó bruscamente la mirada y agitó las manos con rapidez.
—Señora, no puedo aceptarla. Agradezco su gesto, pero es demasiado valiosa.
—¿Sin siquiera verla ya sabes que es valiosa?
—Cualquier regalo que merezca una caja así seguramente es precioso. No puedo aceptar un re