Ben la observó. Vio su expresión seria, y su mirada se suavizó gradualmente mientras las arrugas de su entrecejo se relajaban. Permaneció en silencio un momento, se inclinó para recoger la raqueta del suelo y habló con un tono de compromiso apenas perceptible:
—Periodo de prueba… Está bien. No interferiré en tu decisión. Pero tienes que prometerme que, pase lo que pase, me lo contarás. De lo contrario, me enfadaré contigo.
Celia le rodeó el brazo con el suyo, cariñosa.
—Pero no se lo dirás a pap