Aimunan
Mi mañana comenzó con la mejilla apoyada sobre un pecho masculino que brillaba bajo la primera luz del sol. Era una calidez sólida, real. Así quisiera despertar cada día hasta el final de mis días.
Recordaba lo de anoche y una sonrisa involuntaria tiraba de mis labios. Las cosas comenzaban a tomar el ritmo que tanto había anhelado, aunque el tiempo corría deprisa; un mes en Corea estaba pasando como un suspiro y apenas había tenido oportunidad de procesar este mundo de contrastes. Co