Aimunan
El tren de aterrizaje golpeó la pista del Aeropuerto Nacional de Ulsan con una firmeza que me sacudió los pensamientos. Estábamos al sureste de Corea, en la séptima ciudad más grande del país, un lugar donde el aire no huele a oficina y asfalto como en Seúl, sino a salitre, metal caliente y combustible. Aquí, la humedad se pega a la piel como una segunda prenda, recordándome que el Mar del Japón —o el Mar del Este, como dicen ellos con orgullo— está a solo unos pasos.
Ulsan es un mon