Alexander
Solo había pasado un día desde aquel beso, pero para mí se sentía como una eternidad de tortura. Había intentado concentrarme desde la mañana, pero el enfoque se me escapaba entre los dedos. No me gustaba esa sensación de pérdida de control; detestaba el poder que ella estaba ejerciendo sobre mí sin siquiera intentarlo. Yo no era así. Yo era el que dominaba, no el dominado.
La vi en el comedor de la empresa, rodeada del bullicio típico de la zona. Estaba hablando con el recién cont