Eres mía -Aquí y ahora...
Alexander
—¡Entra! —Sonreí al verla pasmada frente al umbral.
La Casa de Piedras es mi santuario. Por fuera, una fortaleza de roca rústica; por dentro, un refugio de minimalismo y lujo que mandé a remodelar para hacerlo habitable. Aquí no hay ruido, solo nosotros. Fui directo al minibar y saqué una botella de champagne; recordaba su fascinación por las burbujas la noche de su graduación.
—Munan, el trato comienza esta noche —dije, mientras descorchaba la botella—. Disfrutemos. Si hay algo