Alexander Lee
Es una sensación aterradora despertar y descubrir que el mundo ha avanzado seis meses sin ti. Estoy en un hospital en Corea, pero mi último recuerdo nítido es el calor húmedo de Venezuela. ¿Cómo crucé el océano? ¿Por qué mi mente borró medio año de un plumazo? Intenté forzar la memoria, pero solo encontré un muro de estática y un pinchazo insoportable detrás de los ojos.
Karl intentó explicarme lo inexplicable: un atentado en la Aldea de Hahoe, una contusión cerebral y una pérdida selectiva de memoria. Pero lo que más me irritó no fue el agujero en mi cabeza, sino la supuesta "asistente" que me acompañaba.
—¿Aimunan? ¿Venezolana? —repetí con una mueca de incredulidad—. Deja de joderme, Karl. Podré haber perdido la memoria, pero jamás cometería tal disparate. Yo no contrato pasantes, y mucho menos extranjeras sin experiencia en el mercado asiático.
Pero Karl no bromeaba. Su mirada era seria, casi compasiva, algo que me dio un vuelco en el estómago. Según él, ella e