Aimunan
El amanecer sobre Seúl era un espectáculo de acero y vidrio, frío y despiadado, muy distinto a la luz suave de Múnich. Desde el ventanal panorámico del penthouse, podía ver el imperio de Alexander, la Corporación Lee: un rascacielos monolítico que perforaba las nubes, la prueba física de que él había elegido el poder sobre el duelo.
Me vestí con una camisa blanca sencilla y pantalones oscuros. Aunque me había negado a ocultar el cansancio, la cortesía básica corporativa era una arma