Aimunan
—Hermano, hay algo que necesito preguntarte —dije, sintiendo que el peso de los secretos en Corea aún me apretaba la garganta.
—Ahora no es momento, Munan. Ya tendremos tiempo —respondió Isaac con una brevedad que me inquietó.
La camioneta se detuvo frente a una casa de piedras de río. La construcción era sólida, imponente; un refugio de roca que parecía capaz de tragarse cualquier grito. Al bajar, mi madre salió a recibirme. El calor de su abrazo, con ese olor a hogar y selva, me