Aimunan
Habíamos pasado una noche hermosa; la vida parecía sonreírnos por fin. En los brazos de Alexander, bajo el cielo de Ulsan, me sentía yo misma, sin máscaras. Pero el destino es un jugador impredecible. La mañana llegó con una luz radiante, y el mar infinito, con sus olas calmadas, nos dio los buenos días, ignorando que el mundo estaba a punto de fracturarse para nosotros.
Esa mañana recibí la llamada de mi hermano. Mi abuelo estaba mal. En nuestras costumbres, la reunión familiar no e