Adaptación..
Alexander Lee
El aroma a café y fruta fresca aún flotaba en el aire, una fragancia que por fin se sentía como un hogar y no como un hotel de paso. Por primera vez en años, mi mente no estaba calculando la próxima jugada en la bolsa de Seúl ni diseccionando un contrato millonario. Estaba anclado aquí, en la quietud de los ojos de Aimunan y en la calidez de su mano entrelazada con la mía. Era una paz frágil, un paréntesis de cristal que intentaba saborear antes de que la realidad reclamara su esp