Aimunan
En esta etapa de mi vida, solo quiero creer que la marea finalmente se calmará. Deseo lo que tantas mujeres anhelamos en algún punto: el derecho a la paz, a despertar sin el peso del mundo sobre los hombros, al lado del amor de nuestra vida.
La llegada de la madre de Alexander no era, en esencia, una noticia oscura. De hecho, durante mi caótica estancia en Seúl, ella fue la única que mostró una preocupación genuina por mí después del atentado. Pero Alex y yo sabíamos leer entre líneas