La habitación estaba envuelta en silencio. Livia dormía, con la respiración lenta y los pensamientos enredados. Había intentado relajarse, pero dormir al lado de Dante Fabbiani, el hombre más temido de Sicilia, no era tarea fácil.
En algún punto de la madrugada, sintió movimiento en la cama. Apenas perceptible. Pero suficiente para sacarla del sueño ligero. Abrió los ojos lentamente. Todo seguía oscuro, salvo por el resplandor anaranjado del fuego. Y entonces lo sintió.
Dante.
Cerca. Muy cerca.