Capítulo 36 — No, no soy tuyo, Verónica.
Al llegar a la mansión, el silencio de sus paredes me envolvió y me hizo sentir oprimida.
Necesitaba hablar con alguien, distraerme, olvidar lo que había hecho.
La traición a Dani.
Cerré los ojos un segundo, buscando un momento de calma. Respirar profundo y quizás comer algo en la cocina, hablar con las mucamas, algo... pero un perfume caro y familiar me golpeó como una bofetada.
No estaba tan sola como creía.
Ese olor lo recordaba a la perfección y me estaba dando ganas de vomitar.