Capítulo 122 — Tú y yo, Nadia, somos el apocalipsis.
Cuando abrí los ojos, lo primero que sentí fue el horrible olor a antiséptico que me revolvió el estómago sin tregua.
Mi cabeza dolía como el infierno y mi cuerpo pesaba como nunca. Me sentía terrible, y la habitación donde estaba no ayudaba en nada.
De nuevo en el hospital.
Buen trabajo, Nadia. Ni siquiera serviste para... Espera.
De pronto, el recuerdo de lo ocurrido en aquella casa abandonada me golpeó como un puñetazo a toda velocidad.
Los disparos, la sangre... los gritos.
¡No! ¡Dani!
Me s