Capítulo 121 — Te lo suplico. Es mi sangre.
¿Dios, cuándo terminará esta pesadilla?
¿Lograremos salir de esta?
Desde mi perspectiva, podía ver cómo el dedo de Kilian acariciaba con demasiada familiaridad el gatillo. Sus ojos, siempre fijos en Marek, prometían una muerte lenta y dolorosa.
Mientras tanto, yo me mantenía aferrada a su brazo, sintiendo cómo la tensión dominaba cada músculo de su cuerpo.
Kilian, joder, vámonos de aquí. Algo no está bien.
Ese brillo en los ojos de Marek no me gusta nada.
—No hagas nada estúpido, Volkov —le di