Luciana se miró en el espejo del baño del Plaza y apenas se reconoció.
El satén negro se ajustaba a su cuerpo como segunda piel, el escote pronunciado pero elegante, la espalda completamente descubierta. No usar el vestido que Stefan envió era una declaración.
Negro. No el blanco virginal que esperaban de una prometida.
Negro como guerra.
Esta mañana, Rick Manson había llamado de nuevo. "La votación es el lunes, señorita Sterling."
El Grand Ballroom del Plaza estaba decorado con elegancia obscen