La sala del tribunal a las nueve de la mañana de un martes de mayo olía a papel viejo y a aire acondicionado encendido demasiado pronto para la temperatura que hacía afuera.
Eso no había cambiado.
Lo que sí había cambiado era la densidad del espacio. La manera en que una sala se siente distinta cuando algo está a punto de terminar: el silencio más comprimido, las sillas más rígidas, el aire más pesado, como si el edificio supiera antes que las personas lo que va a ocurrir y ya lo estuviera proc