Subieron las escaleras en un silencio cargado de electricidad estática. Cada paso de Stefan detrás de ella se sentía como una advertencia. Al llegar al segundo piso, caminaron por el pasillo sumido en sombras hasta su habitación, al final del corredor.
Luciana abrió la puerta y Stefan se detuvo en el umbral, respetando ese último límite.
—Luciana, si esto te hace sentir incómoda...
—Todo sobre esta situación me hace sentir incómoda —lo interrumpió ella, entrando y dejando la puerta abierta; u