La mansión Sterling olía distinto en las mañanas en que algo iba a ocurrir.
No era el café, aunque Mary ya lo había preparado. Tampoco el jazmín del jardín trasero que a esa hora de mayo entraba por las ventanas del primer piso. Era otra cosa. Algo que Luciana había aprendido a reconocer desde niña sin poder nombrarlo: el olor de un día que ya ha decidido ser importante antes de que alguien lo pida.
Llevaba despierta desde las cuatro y cuarenta.
No había mirado el teléfono ni encendido la lámpa