La oficina de Ethan en Clifford Chance era sobria, funcional, sin la ornamentación que en Manhattan se usa para decirle a la gente que has llegado.
No la necesitaba.
Había llegado de otras maneras: a través del expediente Cross, a través de la cláusula catorce-B del fideicomiso secundario de Sterling Industries, a través de los tres socios que esa misma mañana habían escuchado sus argumentos con la atención específica de quien reconoce que la persona al frente sabe exactamente lo que está hacie