El amanecer en Columbia no trajo el alivio esperado para Ethan. El eco del "adiós, mi amor" y los reproches de Luciana sobre la soledad que él mismo había ayudado a construir le martilleaban las sienes. Apenas había dormido. Su mente era un bucle infinito de culpa y deseo reprimido.
Eran las diez de la mañana cuando el rumor empezó a correr por los pasillos de la facultad de Administración como un reguero de pólvora. Los estudiantes se detenían, murmuraban y abrían paso con una mezcla de respeto