El sonido de los neumáticos sobre la grava anunció la llegada de los lobos corporativos.
Luciana, sentada en el borde de la inmensa cama y envuelta en una bata de seda azul oscuro, vio a Ethan entrar con una carpeta de cuero negro. Su presencia llenó la habitación, no con la calidez de un amante, sino con la eficiencia fría de un abogado. Detrás de él, Jerome traía una bandeja con café cargado, el aroma amargo cortando el aire viciado por la enfermedad.
Antes de que pudieran abrir los docum