Luciana retrocedió un paso cuando Stefan se acercó, pero la puerta de su Tesla bloqueaba cualquier escape. Podía sentir el calor radiando de él —furia contenida, perfume caro— vibrando en cada músculo tenso de su cuerpo.
—No te atrevas a tocarme.
—¿Tocarte? —Stefan soltó una risa áspera—. No te preocupes. No voy a ensuciarme las manos con alguien que acaba de salir de la cama de otro hombre.
Las palabras fueron como una bofetada. Luciana sintió que la rabia reemplazaba al miedo, ardiente y purif