Seúl, Viernes. 10:00 AM.
La sala de juntas de Hansei Tech era un cubo de cristal suspendido en el cielo gris de Corea del Sur. No había ruido, no había distracciones, solo el zumbido casi imperceptible del aire acondicionado y la tensión financiera flotando sobre la mesa de ébano.
Stefan estaba sentado frente a Park Ji-hoon, el director general del conglomerado tecnológico más agresivo de Asia. No había dormido más de tres horas, pero su traje azul oscuro estaba impecable y su mente funcionaba con la claridad fría de un francotirador.
No estaba allí solo para negociar un contrato. Estaba allí para comprar su boleto de regreso a Nueva York.
—Señor Vanderbilt —dijo Park, entrelazando los dedos sobre la mesa. Su inglés era perfecto, carente de emoción—. Su propuesta sobre la modernización de la flota de Sterling Maritime es... ambiciosa. Hansei Tech necesita una ruta de exportación prioritaria a la costa este de Estados Unidos, eso es innegable. Pero invertir capital en una empresa que ac