Seúl, Viernes. 10:00 AM.
La sala de juntas de Hansei Tech era un cubo de cristal suspendido en el cielo gris de Corea del Sur. No había ruido, no había distracciones, solo el zumbido casi imperceptible del aire acondicionado y la tensión financiera flotando sobre la mesa de ébano.
Stefan estaba sentado frente a Park Ji-hoon, el director general del conglomerado tecnológico más agresivo de Asia. No había dormido más de tres horas, pero su traje azul oscuro estaba impecable y su mente funcionaba c