Mundo ficciónIniciar sesiónLucía Valdés , una madre soltera rechazada por su familia y traicionada por su esposo, enfrenta una batalla desesperada por salvar la vida de su hijo de cinco años, Nico , quien necesita urgentemente un trasplante de corazón. Cuando todo parece perdido, un hombre poderoso y enigmático ofrece salvar la vida del niño, pero bajo una condición: Lucía debe permitirle que el niño viva bajo su techo y ser reconocido como el padre. Sin amor ni matrimonio de por medio, ella acepta, sabiendo que es la única oportunidad de salvar a Nicolas. Sin embargo, el vínculo entre ambos se complica cuando Dante, jefe de una de las mafias más temidas de toda Italia, guarda sus propios secretos y demonios. Con la sombra del regreso de una mujer que Dante creyó muerta, traiciones familiares, conspiraciones mafiosas y secretos enterrados, Lucía y Dante luchan entre la desconfianza, la atracción y las cicatrices del pasado para encontrar un camino hacia la redención y el amor.
Leer más— Señor, esta es la mujer que lleva meses buscando — Leonas Ferreira, el secretario y jefe de seguridad de Santos, le extendió un documento de varias páginas sobre el escritorio — Su nombre completo es Ana Paula Almeida. Hija de madre soltera. Su padre las abandonó antes de que nacieran.
Santos alzó la vista.
— ¿Plural?
— Sí, señor. Tiene una hermana gemela, pero hace años que no hay comunicación entre ellas.
— ¿Y te aseguraste de que esto no se trate de una confusión y estemos acusando a la hermana equivocada? — no quería errores a la hora de arremeter contra la asesina de su hermano.
— Lo hice, señor, pero efectivamente la joven que busca es Ana Paula. Ha tenido varios problemas con la ley por robos menores a tiendas y chantaje. Su nombre figura en la base de datos policial. Es la misma mujer que intentó estafar a su hermano.
Santos asintió y cruzó las manos sobre el escritorio.
— Cuéntame sobre esa hermana gemela. ¿Por qué razón no existe comunicación entre ellas?
— Eso no lo sé, señor, pero lo que mi equipo alcanzó a averiguar con algunas personas del vecindario en el que vivieron toda su adolescencia es que no se llevaban bien y Ana Paula siempre la metía en problemas.
— Muy bien — tomó el documento y se incorporó —. ¿Tengo aquí todo lo necesario para enviarla a prisión?
— Así es, señor.
— ¿Llamaste a nuestro contacto en la policía?
— Estaba esperando su autorización.
— La tienes. Quiero a esa mujer tras las rejas esta misma tarde — espetó con frialdad antes de salir.
— Señor, ¿iremos a algún lado? — preguntó Leonas, revisando la agenda digital en su reloj. No tenía nada más para ese día.
— Sí, quiero estar presente cuando la arresten.
— Como ordene, señor.
Ana Paula se miró al espejo y acaricio su vientre levemente hinchado. Sin poder evitarlo, una lágrima manchó su mejilla. Se la limpió con rabia.
Desde que el padre de su bebé la había usado en la cama y abandonado, se había sentido más sola y rota que nunca. Su madre le dio la espalda, de su hermana no sabía nada hace años y a su padre nunca lo conoció.
Su vida había cambiado.
A veces recordaba con ilusión aquellas noches en las que, sin reservas, se entregó a Cesar. Y en más de una ocasión, esperó a que él volviera, pero ya habían pasado más de tres meses de eso y sus esperanzas murieron, sobre todo porque había sido muy contundente en aquella carta.
Recordó con rabia y tristeza entremezclada. Había llegado al puerto marítimo, donde solían verse al atardecer. Tomaban algo juntos al tiempo que compartían miradas cargadas de electricidad y roces inocentes que, llegados a un punto, los sacaba entre beso y beso de allí hasta la privacidad de una preciosa y lujosa suite de hotel. Pero esa tarde… esa tarde fue distinto, él ya no la esperaba, y a cambio, una camarera le entregó la carta.
“Lo que vivimos estas semanas no fue más que una aventura pasajera para mí. Fuiste muy tonta al creer que yo de verdad estaba enamorándome. Adiós y no me busques”
La leyó con ojos llorosos, incluso una lágrima manchó el papel. Su corazón se hizo trozos a partir de ese momento y juró que no lo buscaría… ni siquiera cuando se enteró de que esperaba un hijo suyo.
Sacudió la cabeza y volvió al presente.
— No te preocupes, bebé, te prometo que yo me encargaré de que nunca te sientas solo — susurró a su pequeño angelito con cariño.
Sería madre soltera, quizás de una niña o un varón, no lo sabría hasta el nacimiento, pues sin trabajo fijo no le alcanzaba para una de esas ecografías, si acaso para las vitaminas que le sugirió tomar su vecina porque eran las que le recomendó el doctor a ella con sus dos hijos.
Terminó de alistarse. Ese día tenía trabajo, y aunque no era mucho lo que le pagarían, le serviría muchísimo. Tenía toda la predisposición de salir adelante… por ella y por su hijo.
— ¿Es aquí? — preguntó Santos a Leonas al parquearse frente a un viejo y desgastado edificio en un barrio altamente peligroso.
— Sí, señor, de hecho, creo que… esa es la joven — señaló a una muchacha que salía por una puerta mal pintada con rastros de óxido.
Santos la miró atónito.
— ¿Estás seguro de que es ella?
— Sí, señor — aseguró Leonas luego de revisar una copia del expediente y comprobar que, en efecto, la de las fotos era ella.
El CEO Torrealba entornó los ojos. Era impresionantemente bella, tenía el cabello de un castaño precioso y su piel era tan blanca como la de un cisne. Sin embargo, nada de eso le causó tanta impresión como la pequeña y notoria prominencia en su vientre.
— ¿Qué carajos, Leonas? ¿Esa mujer está embarazada? — cuestionó a su escolta.
Leonas, confundido, revisó a detalles las fotografías que su equipo había captado los últimos meses, pero, en ninguna de ellas, se notaba lo que él y su jefe estaban viendo en ese momento.
— No entiendo, señor, creo que… se debe a que en las fotos está usando ropa holgada y aquí, bueno, no exactamente.
Santos negó.
No.
No podía ser cierto.
Y si lo era… si esa mujer estaba embarazada. ¿Ese hijo de quién era?
No lo pensó dos veces antes de bajar del auto.
— Detén a la policía y espera aquí.
— ¿Señor, que va a hacer? — llamó Leonas, pero su jefe simplemente no se detuvo hasta interceptar a esa descarada.
ESTE CAPITULO SERÁ DESDE AMBAS PERSPECTIVAS, ATENTAS. Lucia El silencio de la habitación me envuelve como una manta pesada. Me siento en el sofá, sosteniendo a Sofía en mis brazos. Su cuerpecito tibio y su respiración pausada deberían calmarme. Pero no lo hacen. Mis ojos viajan, una y otra vez, a la cama. Allí, sobre la sábana inmaculada, está la prueba de embarazo. Positiva. Siento que el mundo se tambalea bajo mis pies. Un bebé. Acabamos de adoptar a Sofía. Apenas estamos estabilizándonos como familia. ¿Cómo le digo a Dante que estoy embarazada? Sofía se mueve ligeramente en mis brazos, su pequeño puño se cierra alrededor de mi blusa. Han pasado ya siete largos meses desde que está con nosotros y cada día que pasa me hace saber que tomé la desocupe correcta. Sofía es.. luz Nico la adora, la cuida como un guardia a una princesa y Dante, bueno Dante ha enloquecido un poco pensando en cómo será cuando Sofía crezca. Por eso saber que ahora puedo tener una Sofía más en l
LUCIA Valeria está aquí. Valeria está aquí. Las palabras se repiten en mi mente pero no consigo procesarlas. ¿A qué vino? ¿Por qué no está en España? Dante me había dicho que la había dejado vivir con la condición que se fuera lejos, y estuve de acuerdo. Ella iba a ser madre, no hubiese podido vivir conmigo misma si Dante le hubiese hecho algo a ella o al bebé. Pero ahora…. Ahora ella está aquí y no sé qué pasará . El aire parece volverse denso en cuanto escucho el nombre de Valeria salir de los labios del empleado. —¿Qué demonios hace ella aquí? —gruñe Dante, poniéndose de pie tan rápido que la silla chirría contra el suelo de mármol. Lo veo tensar los puños, listo para arremeter contra quien se cruce en su camino. —Dante… —empiezo, pero él ya está caminando hacia la puerta con pasos largos y furiosos. Mi pecho se aprieta. NO.NO. NO Esto no es bueno, para nada. Suelto mis cubiertos de golpe y me pongo de pie, antes de que pueda hacer algo de lo que se arrepienta. —
Dante La oscuridad de la casa no augura nada bueno y el hecho de que el portón esté a medio abrir hace que los músculos de mi cuerpo se tensen por completo y mi instinto tome el control. Listo para enfrentarme a lo peor, porque ahora que he llegado hasta aquí, no voy a permitir que nada ni nadie me arrebate lo que amo. Como el infierno que no. Mis pasos resuenan en la entrada de la mansión. Todo está oscuro. Luciano camina a mi lado, con el cuerpo en tensión. Lucía y Nico están justo detrás de mí, moviéndose con cautela. Puedo sentir los ojos de Lucía en mi nuca y el hecho de que nuestro regreso se la arruinado hace que me llene de furia. Nico aprieta la mano de su madre y luego lleva sus enormes ojitos marrones hacia mí y me dice en un susurro: —Papá… tengo miedo. Mi mandíbula se aprieta con fuerza. Mi instinto se activa al instante. Cualquiera que intente lastimarlos morirá esta misma noche así deba llevarme por delante media Italia, lo voy a hacer. Van a conocer la peor
Lucia Finalmente el día ha llegado y aunque estoy feliz de finalmente volver a casa y tener el hogar que siempre he querido, también siento que parte de mi corazón está dividido. El aire helado de Moscú me eriza la piel.El auto está listo. Es momento de irnos. Mi padre está de pie en la entrada de la mansión, con su expresión firme y sus ojos observándome con orgullo. Junto a él, Frédéric se apoya en una muleta, aún recuperándose de su herida. Pero eso no impide que tenga esa mirada tan suya mientras no ve llegar. Antes de que hable ya sé que va a intentar provocarme con algo, porque de eso se trata nuestra relación. —No puedes irte así, prima. Me vas a partir el corazón —Su sonrisa burlona es la misma de siempre. Aunque sé que está bromeando no puedo evitar que sus palabras lleguen en lo profundo de mi. Intento mantenerme firme, pero la nostalgia me golpea con fuerza. —Tengo que hacerlo. Italia es mi hogar ahora. Pero podrás visitarme cuando quieras. Eres más que bienvenido.
Dante Hace 3 días. Italia. No pensé que regresaría solo y mucho menos para volver a casar a una rata. No puedo creer que este malnacido me haya engañado engañado en mis propias narices por tanto tiempo. Siempre creí que era leal. El viento golpea mi rostro con furia cuando me bajo del coche negro. Frente a nosotros, una casa abandonada en medio de la nada. Luciano está a mi lado, con el cigarro apagado en los labios y la pistola lista en la mano. Los otros hombres esperan mi señal. —¿Seguro que está aquí? —murmuro, observando el edificio. Luciano asiente. —Los rusos confirmaron la ubicación. Y nuestra gente fiable acá en Italia también. El hijo de puta está dentro, escondido como la rata que es. Miro el lugar. No hay luces, no hay movimiento visible. Demasiado tranquilo. —Esto apesta a emboscada. Luciano sonríe de lado. —Por eso traemos juguetes. Hago una señal a mis hombres. —Nos dividimos. Grupo uno, rodeen la parte trasera. Grupo dos, entren por el lado derecho. Luci
Lucia Siento que me estoy enloqueciendo. Por un instante pensé que todos nuestros problemas habían desaparecido, que finalmente iba a poder vivir en paz y feliz junto al hombre que amo. Pero nuevamente la vida parece decidida a separarnos. Dejó salir un suspiro que hace eco en la habitación. El silencio de la mansión es insoportable. Han pasado tres días desde que Dante se fue, y aunque hemos hablado por teléfono, sus llamadas han sido breves y frías. Solo lo suficiente para decirme que está bien, que pronto volverá. Pero yo lo conozco. Su tono es cortante. Su respiración, contenida. Algo ha pasado y no quiere decírmelo. Camino hacia la ventana y miro la noche oscura. Este lugar se siente vacío sin él. Al bajar las escaleras, veo a Nico dormido en el sofá, con un libro en el pecho. Mi pequeño ángel aunque no lo dice, sé que se sienta igual a mí. En los últimos meses había vuelto a reír como hace mucho no lo hacía y cuando Dante llegó él se iluminó por completo. Mi niño





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